27.11.07

Nunca es tarde para ser un clásico


Este señor, a cuyas espaldas se desmorona Stalingrado, se llamaba Vasily Grossman. Hace casi medio siglo escribió una obra mítica de la literatura, pero nunca la vió publicada. Murió en 1964. "Vida y destino" lleva apenas unas semanas publicada en español por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores y ya ha vendido más de 100.000 ejemplares.
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Grossman vivió en sus propias carnes el horror del asedio, la guerra, la desesperación y la muerte, alguna idea hemos podido hacernos en el cine gracias a "Enemigo a las puertas" o "Stalingrado", películas tan magníficas como espeluznantes.
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Era periodista, y a pesar de ser eximido de cumplir el servicio militar, pasó más de 1.000 días en medio del fragor de la IIª Guerra Mundial como cronista del conflicto a través del periódico soviético "Estrella Roja", cubriendo sucesivamente momentos decisivos de la contienda como las batallas de Moscú, Stalingrado, Kursk o la toma de Berlín.
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Fue pionero en la contemplación de un horror que aún nos conmueve, y si ya en 1943 fue testigo de los abismos más absolutos de la condición humana al adentrarse en los campos de concentración nazis, su artículo del año siguiente "El infierno de Treblinka" fue incorporado como prueba documental a las pruebas de los juicios de Nuremberg.
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Pese a haber sido en su juventud un firme defensor de la Revolución de Octubre, cuando tras la guerra comenzó a descubrir el totalitarismo del régimen soviético, trató de ponerlo de manifiesto y rebelarse contra el mismo y por ello sufrió persecución. Criticó la colectivización y las persecuciones y represalias poíticas y como consecuencia llegó a despojársele de todo material susceptible de ser usado para continuar difundiendo sus opiniones. El Régimen le quitó hasta las cintas de la máquina de escribir, hasta el papel carbón.
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Había escrito una obra auténticamente revolucionaria, que podría hacer temblar los cimientos de la Unión Soviética, y cuando esta fue secuestrada, pero a él se le mantenía en libertad, escribió una carta a Nikita Krushev preguntando el porqué de esa situación. La respuesta fue que ese libro no podría ver la luz ni en 300 años.
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Grossman no pudo ver publicada "Vida y destino" , pero en 1980 se sacó (ilegalmente, claro) de la U.R.S.S. en microfilmes y se publicó en Suiza. Desde entonces comparte un particular olimpo literario junto con "Archipiélago gulag" de Aleksandr Solzhenitsyn, en términos de denuncia política, o "Crimen y castigo" de Fiodr Dostoievsky y "Guerra y paz" de Lev Tolstoi en términos de retrato de una sociedad, una época, un conflicto bélico...
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Ahora ya podemos sumergirnos en "Vida y destino" en España y en español, a lo largo, ancho, profundo y todas las dimensiones que se os ocurran, porque es una "novelita" de nada más que 1.000 páginas, más de 150 personajes y 20 tramas desarrolladas. Antonio Muñoz Molina anima a ser "militantes de este libro excepcional", Xavier Antich la califica como "la gran novela del sufrimiento humano del S. XX".
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Yo la tengo en el punto de mira, y creo que es un libro de los que HAY QUE LEER en esta vida. Para los que quizá no se atrevan a tanta página o para los que quieran aproximarse de forma quizá menos exigente, recomiendo fervientemente leer MAUS de Art Spiegelman, el único comic galardonado con un Premio Pulitzer, en el que se nos narra la historia de una familia judía polaca y sus avatares en la IIª Guerra Mundial con un dibujo casi caricaturizado, al presentar a los protagonistas como animalitos de tebeo. No se engañe el lector, no hay inocencia ni infantilismo, la trama es abolutamente descarnada y lo peor, real y autobiográfica, al igul que la novela de Grossman. En MAUS los judíos son ratoncitos (de ahí el título, "maus" signifíca ratón en alemán), los nazis son gatos, los colaboracionistas son cerdos... es significativo que para plasmar que un judío se hace pasar por polaco colaboracionista aparece representado como un ratón que se ha puesto una careta de cerdo.
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Lo triste es que haya motivos que inspiren estas obras...

3 comentarios:

fulgen dijo...

Sé que me van a fusilar, pero Stalingrado me sigue produciendo pesadillas, y Enemigo a las puertas sigo sin entender por qué todo el mundo dice que es una buena peli (o adjetivos aún mayores).

En la línea de Archipiélago Gulag, te recomiendo (vía catedrático de Historia Contemporánea de Europa, Salvador Forner) Koba el terrible de Martin Amis, que es un libro tremendo sobre la URSS.

Y también El imperio de Kapuscinsky, menos espectacular pero más extenso, en territorio y en fechas.

He disfrutado de los dos este mismo año, y algún día los volveré a leer. En bolsillo, ambos.

Ángel dijo...

¡Madre mía, pensaba que era Azaña!

Antonio Rentero dijo...

Caro F. yo soy de los de los adjetivos mayores. Si es que algunos somos así de raritos y nos gusta cada cosa...

Me apunto esos que me dices.

Y querido Angel, ¿no se ha dado usted cuenta de que el abrigo del personaje de la foto posée un evidente corte soviético, inspirado en las casacas de los cosacos, y no como sería propio de don Manuel, un gabán más estilo castellano de toda la vida del Señor?

Por no hablar del gorro, totalmente alejado del elegante sombrero que podría haber lucido Azaña, con toda seguridad alguna pieza de la sombrerería Medrano de la calle Imperial, junto a los soportales de la Plaza Mayor, también conocida como Sombrerería Real.

Tiene usted que cantar menos con esos mozalbetes cuya compañía frecuenta y estudiarse mejor esas cajas de legajos de documentación sobre naderías de la Rusia postzarista y fruslerías de la españa preguerracivilista que le dejé en el torno de la puerta de su residencia, las que llevaban prendida de la solapa con un imperdible la etiqueta con la inscripción "no abrir antes de maitines, no darle de comer después de las 12, no bañarlo y sobre todo SOBRE TODO no dejarle oir a Fedeguico, que luego le da por montar barricadas en el pasillo y lo pone todo perdido de sacos terreros".

Suya afectísima, esta que lo es.