Mostrando entradas con la etiqueta gatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gatos. Mostrar todas las entradas

1.8.11

El blog que te dije: "África" desde EL ESPEJO



Hace ya unos cuantos años que conozco a Bastet, aunque jamás nos hemos visto cara a cara.
.
Esto de Internet es lo que tiene, que te encuentras gente con la que por alguna razón sintonizas y acabas sufriendo sus penas y gozando sus dichas. Bastet tiene en EL ESPEJO no un blog sino un desahogo. Por compararla con algún referente conocido, vendría a ser como Pérez-Reverte pero con el mérito añadido de que ella no está en la Real Academia de la Lengua, no ha vendido millones de libros ni cada semana siguen su columna millones de lectores.
.
Bastet protesta y no se calla y sufre y se explaya y lucha, sobre todo lucha porque es de esas personas que nacieron con un cuchillo en los dientes y la vida (por desgracia, por suerte, por desgracia) les ha enseñado a soportar cuchilladas pero también a defenderse.
.
Pero Bastet tiene dentro una sensibilidad que se le sale por las costuras de esas cicatrices de la vida. Y una mujer dura como ella, que cuando el gélido viento de la dura vida le golpea el rostro se limita a entornar los ojos y seguir avanzando con más determinación, no puede evitar que se le agolpen las lágrimas en los ojos cuando su perra África se va alejando del mundo de los vivos.
.
Hoy quiero dedicarle unas palabras a mi amiga Bastet, no para animarla, porque no se puede animar a alguien que se encuentra en el trance de despedirse de un ser querido, pero al menos para compartir con ella parte de su dolor y compartir con vosotros lo que he comentado en su blog, imprescindible blog que es realmente el espejo de un alma.
.
Siempre he sido más de gatos que de perros, será cosa de la personalidad y/o el carácter, siempre preferí la compañía a la devoción.
.
Quizá por eso haber enterrado (literalmente, cavando la fosa yo mismo en un bancal del cortijo de mi abuelo) un par de gatos que llevaban años conmigo y que han compartido tantas penas y alegrías quizá no me haya conmovido tanto como sé que lo hará el día que (espero que dentro de muchos años) nos quedemos sin la perra labrador que tiene mi novia y a quien en poco tiempo le he cogido tantísimo cariño como el que ella demuestra.
.
Cuando me quedé sin VanGogh le hice un pequeño homenaje en el blog que algunos me dijeron que quedó quizá demasiado frío, pero aunque me acuerdo mucho de él (y de Pizarra, que murió poco después) un gato es otra cosa.
.
Un perro que se va puede doler incluso más que un amigo o un familiar, porque el perro nunca nos habrá hecho una putada, nunca nos habrá dado un sablazo ni habremos discutido con él. Ni habla mal de nosotros a nuestras espaldas.
.
El perro siente lo que sea por nosotros (cariño, amor, respeto, devoción, dependencia...) de manera incondicional.
.
Hay en Internet un chiste que dice que encierres durante una hora en el maletero del coche a tu pareja y a tu perro, y cuando les liberes sabrás quién te quiere de verdad pq sólo habrá uno de los dos que se alegrará de verte.
.
Creo que los perros, como el resto de los animales, no tienen alma ni inteligencia, pero cuántas personas que supuestamente tienen ambas nos hacen daño y nos hacen infelices.
.
Está claro que en la otra vida hay perros esperándonos.
.
Os mando todo mi cariño a ti y a África
.
Cortesía de "EL BLOG QUE TE DIJE".

19.1.10

Gatetes viejunos


En Egipto no hay día en que no salga a la luz algún vestigio del pasado. Unas veces es rescatado de entre las arenas del tiempo, en otras ocasiones son las aguas las que mantenían oculto el pasado.
.
En la ocasión que nos ocupa ha sido en Alejandría, ciudad muy de moda este año por la película "Agora" de Amenábar, ambientada en aquella ciudad en el momento en que el caos y la sinrazón arrasaron con la célebre Biblioteca de la ciudad y ya puestos con su no menos célebre bibliotecaria, Hypathia.
.
Como decía, acaba de descubrirse en la ciudad del norte de Egipto un templo de cerca de 4.300 años de antigüedad que al parecer estaba consagrado a la diosa Bastet. Esta deidad representaba la maternidad y la protección y me gusta pensar que dentro de toda la fauna que la antigua civilización del Nilo consideraba como sagrada, el gato sigue hoy día junto a nosotros como uno más de la familia.
.
Hace miles de años se erigían estatuas y se decoraban los muros con seres que mezclaban junto a rasgos humanos los de escarabajos, chacales, halcones, cocodrilos, ibis, vacas... bueno, sí que hay que reconocer que la vaca sigue muy presente hoy día en nuestra vida, pero poca gente tiene una en casa como animal doméstico mientras que el gato se encuentra presente en un buen número de viviendas.
.
Según datos de la FEDIAF (siglas en inglés de la Federación de la Industria Europea de Alimentación de Mascotas) en Europa hay gatos en 47 millones de hogares. El perro, conocido mundialmente como "el mejor amigo del hombre", en cambio, está presente en "solo" 41 millones de hogares. Pese a que por regla general es más popular el perro como mascota el mayor número de gatos en los hogares europeos se explica por la mayor comodidad de este animal en cuanto a cuidados (no hace falta sacarlo a pasear), su tamaño más reducido (en consonancia con los tamaños de nuestras viviendas) y (recordemos que a estadística la han hecho las empresas de alimentación de mascotas) que frente al perro necesita menos cantidad de alimento. Teniendo en cuenta que efectivamente hay razas de perros de tamaño contenido, la media la desequilibran la gran mayoría de canes que superan con creces los 5 kilos que puede pesar un gato adulto.
.
Con el paso del tiempo el gato ha ido conquistando un lugar junto a nosotros de manera indiscutible, hasta el punto de que en Japón se alquilan gatos por horas (también perros) e incluso ha comenzado a engrosar las listas de los animales que desempeñan un oficio, junto a las paloma mensajeras, los hurones cazadores, los perros policías o las ratas de laboratorio ahora ya tenemos gatos de bar.
.
Están causando furor en Japón los bares en los que por un módico precio te puedes tomar una copa mientras un lindo gatito te hace compañía, felino al que puedes acariciar solo si previamente te has lavado bien las manos con un jabón especial y luego con alcohol. A unos 5 € la media hora y con el consuelo de recibir ronroneos y carantoñas del gato mercenario la explicación a este fenómeno está por un lado en la soledad que al parecer aqueja a los nipones y por otro en lo escaso de su tiempo libre y en lo reducido de sus viviendas, lo que les imposibilita tener mascotas en propiedad, teniendo que recurrir a estos servicios de animal de compañía a tiempo parcial.
.
No sé si es un signo de los tiempos la relación del hombre con el gato.
.
Se cree que los gatos llegaron a Occidente de la mano de los romanos cuando volvieron de su periplo tolemáico por las riberas del Nilo y tuvieron su época de vacas flacas en la Edad Media cuando se le relacionaba con los cultos oscuros. Hay quien vincula las persecuciones a estos animalillos y su casi extinción con la propagación de la peste.
.
El gato, cazador por antonomasia, en una época en la que la base alimenticia la constituían los cultivos de grano se hinchaba a cazar los ratones que proliferaban en los graneros. Perseguidos hasta la casi extinción desapareció el depredador natural y aumentó el número de ratas y ratones. En estos proliferaba la pulga que transmitía la enfermedad, y al crecer y multiplicarse sin freno contribuyeron a que toda Europa terminase contagiada por la plaga.
.
Como siempre, ni tanto ni tan calvo, todos los extremos son malos, pero habrá que reconocer que si los antiguos egipcios adoraban a este animal concediéndole además facultades de protector... pues sería por algo. Que algo llevará el agua cuando la bendicen.
.
Le dedico esta entrada a mi gato VanGogh, que descansa ya en el cielo felino, y a Bastet (no la diosa, sino una amiga) que desde su recomendable blog "EL ESPEJO" se ha levantado hoy sandunguera.

3.8.09

VanGogh, 2002-2009






Se me ha muerto VanGogh.

La semana pasada lo noté algo raro, como mustio, poco activo. Vamos, tampoco es que fuera el diablo de Tasmania, eso le pega más a Pizarra, la otra gata que tengo, que literalmente se sube por las paredes cuando corre por el pasillo estilo Trinity en "Matrix". Le notaba alicaído, pero como tampoco se quejaba de nada y más o menos seguía comiendo y bebiendo pensé que se debería al calor.
.
VanGogh debe su nombre al pelo rojizo que en gran cantidad le hacía parecer un enorme tigre. Fue un regalo de bodas que nos hicieron Rocío y Pablo. El gato nació aproximadamente la misma semana en que nos casamos Elena y yo, y cuando a la vuelta del viaje de novios fuímos a una divertidísima y tenebrosa fiesta de Halloween en la casa que los padres de Pablo tienen en medio del Puerto del Garruchal me enseñaron al gato y me enamoré de él. Cabía en la palma de la mano, era una bolica de pelo rojo pero no quisieron que me lo llevaran. La sorpresa llegó la mañana de Reyes, cuando Rocío y Pablo aparecieron en nuestra casa con el gato dentro de una caja que ponía "VANGOGH" y nos lo regalaron. Aunque a Elena no le gustan demasiado los gatos le cogió también mucho cariño y lo enseñaba a las visitas con mucho orgullo. Cuando nos separamos, en plan coña, yo decía que me había correspondido la custodia de VanGogh.
.
El pobre pasó lo suyo con apenas un año, porque se le formaban piedras en la orina que le obstruían la uretra y pasó por varias operaciones hasta solucionarlo, una de ellas con riesgo pues tenía la vejiga llena de orina y podría haberle reventado y haber muerto. Afortunadamente todo salió a la perfección gracias al buen hacer de mi amigo Tito Abellán, que después de haber castrado a VanGogh, haberle extirpado en un primer momento la parte final del pene (es un conducto muy estrecho y a la más mínima piedra que lo roce por dentro queda herido y se inflama, impidiendo la micción) y posteriormente el resto, me dijo "ahora ya puedes llamarle Vania".
.
A principio del verano le pegué un buen repaso al gatico deshaciéndole nudos y entre eso, que este año ha pelechado bastante y que le cepillaba casi a diario en realidad estas últimas semanas parecía incluso haber disminuído de tamaño. La semana pasada casi le veía pequeño, también comparándolo con Pizarra, estaban casi del mismo tamaño, pero claro, la gata últimamente ha engordado un poco y el gato con menos pelo parecía casi la mitad de gato que siempre.
.
El jueves y el viernes incluso consulté algo preocupado con Carolina y Tito, ambos veterinarios, y los dos me tranquilizaron achacándolo al calor, que hace que un gato con tanto pelo se quede sin ganas de ná. Un poco la prueba que hice fue abrir una lata de atún y comprobar su reacción.
.
VanGogh solo podía comer un pienso especial medicado porque se le hacían piedras en la orina, pero era oler una lata de atún y se volvía loco. Esta vez no, le puse delante la lata y no le hacía ningún caso. Me asusté, la verdad, pero como tenía el "grupo de control" de Pizarra también le puse a ella la lata delante, la olisqueó pero tampoco le hizo el más mínimo caso, así que concluí que sí, que sería el calor.
.
El viernes me fuí a Moratalla a pasar el finde y les dejé tierra limpia y abundante agua fresca y comida, y el lunes al salir del despacho fuí a casa. Tenía un cierto presentimiento esa mañana, la verdad, algo me decía que lo de VanGogh no era simplemente que estaba haciendo calor. Y realmente no me sorprendió lo más mínimo lo que me encontré.
.
Al abrir la puerta, como siempre, salió Pizarra a recibirme. Maulló. Dije en voz alta "Hola, Pizarra... me quedo tranquilo al verte... pero ¿dónde está VanGogh?". Me asomé a la cocina y allí estaba, tumbado en el suelo, de lado, como si estuviera durmiendo. "¿VanGogh?", le llamé. Pero claro, no se movió.
.
Me quedé unos instantes mirándolo, comprobando que no respiraba, que el pelo del tronco no subía y bajaba rítmicamente, como cuando dormía. Me agaché y le dí un leve tirón de la cola. Pero claro, no se movió.
.
Noté la rigidez de su cuerpo, Pizarra se acercó y maulló lastimeramente. Acaricié la cabeza de VanGogh. Cuando lo hacía siempre me llamaba la atención lo caliente que tienen la cabeza los gatos, ahora me impresionó notarla por primera vez tan fría, a pesar de que su pelo seguía siendo suave, era una sensación contradictoria.
.
Llamé a un servicio de urgencias veterinarias.
.
-Buenos días, mira, es que se me ha muerto un gato.
.
-Pues entonces poco puedo hacer ya.
.
En realidad sí me ayudó, porque no tenía claro qué hay que hacer cuando se te ha muerto una mascota. El chico me dijo que hasta 20 kilos de peso incluso podía depositarlo en un contenedor de basura orgánica, si es más grande sí que hay obligatoriamente que retirarlo por parte de los servicios ocrrespondientes, pero que dando por sentado que por la relación que se suele establecer con las mascotas tampoco parece muy respetuoso tirar su cuerpo a la basura, si disponía de algún sitio en el campo donde enterrarlo... y eso es lo que hice.
.
Lo metí en unas bolsas y me lo llevé al Cortijo.
.
Antes de salir de casa, eso sí, me sentí un poco como la bella protagonista de la por otra parte mediocre película "Tú asesina, que nosotras limpiamos la sangre". Curiosamente, para la cantidad de pelo que en vida soltaba VanGohg y que me obligaba a ser bastante pulcro con la limpieza doméstica, una vez muerto el pobre tampoco ensució gran cosa, apenas un poco de humedad en el suelo, pero me resultó curioso estar ahí, echando amoniaco y limpiador con desinfectante en el suelo donde se había tendido por última vez a dormir.
.
El viaje a Moratalla con VanGogh en el maletero del coche fue extraño. A veces he pensado llevarme en verano los gatos al cortijo, aunque allí tampoco podrían salir de casa para evitar que se pierdan o que se llenen de bichos de pasear por la tierra de los bancales y el monte. Por otro lado en un momento dado pensé que ahora no podría pasar la prueba del polígrafo si alguna vez me preguntaran "¿ha transportado alguna vez un cadáver en el maletero de su coche?".
.
Al llegar al cortijo cogí la pala, me dirigí al pequeño bancal bajo la piscina donde antaño había un enorme cerezo al que trepaba de niño y donde jugaba y soñaba. Hace años que lo arrancamos porque enfermó, y al lado del lugar que ocupa ahora hay un pequeño limonero. Me pareció una buena manera de unir mis recuerdos y mis cariños.
.
Me puse manos a la obra y acordándome una vez más del cine, de tantas películas en las que vemos como se cava una fosa donde enterrar un cadáver, me dí cuenta de que en realidad no se lleva tanto tiempo hacerlo.
.
Llegué hasta una profundidad de más de medio metro y abrí un hueco cuadrado de aproximadamente otro medio metro de lado. Deposité cuidadosamente a VanGogh, que quedó tumbado de lado, casi en la misma postura que lo encontré esa mañana, con la cabeza apoyada sobre las patas delanteras. Encima puse un trozo enorme de raíz del cerezo con el que me topé al excavar y unas piedras grandes y planas, para complicarle la labor a algún bicho que decida husmear. Llené el agujero de tierra, la apisoné bien con la pala y salí a dar un paseo por el monte a buscar alguna piedra grande, más que para señalizar la "tumba" para evitar en la medida de lo posible que algún animal se dedique a desenterrar al pobre VanGogh. Encontré una grande y rojiza. Como Van Gogh.
.
Y allí está, ya no me quedaré embobado mirándolo dormir al sol, con el pelo revuelto y encrespado, ni le acariciaré el lateral de la cabeza hasta que él se vuelque y se deje caer de lado, ni le cepillaré el pelo hasta sacar casi para llenar un colchón, ahora que ya había conseguido que le gustara que se lo cepillara y se quedaba sentado, quieto, encantado de que le quitase de encima parte de su abrigo. Ya no tendrá que quitarse, molesto y desinteresado al tiempo, de encima a Pizarra cuando esta esté en celo (ella, él estaba castrado). Ya no dormirá a los pies de mi cama y no juguetearé con él a que persiga los dedos de mis pies a través de la manta sobre la que dormía en mi cama. Ya no veré su cara de ansia cuando cojo el puntero láser que tengo colgando en la estantería de la entrada para jugar con él a que persiga el puntito rojo por el suelo y la pared del pasillo. Ya no habrá visitas que al llegar a casa se queden asombradas con un gato tan grande y tan guapo, aunque como decía Elena cuando estábamos casados "VanGogh es un gato serio".

19.7.08

El rey de la casa



No parece muy feliz, coronado entre cuchillos y vetustos espejos-anuncio de cocacola, bizarra decoración para una sala del trono, siempre se le ha conocido como "el marqués" al bueno de VanGogh, pero hoy me he permitido coronarle Rey de la Casa, que se lo merece.
.
Y no, no está gordo, es que tiene mucho pelo.

Posted by Picasa

12.12.07

Quísparate: De noche todos los gatos son fosforitos


Pues sí, amigos, ya puedemos sustituir nuestros chalecos reflectantes por estos cómodos gatos fluorescentes, que además se agarran ellos sólos.
.
Como siempre en estos casos, la información la tenéis en ese otro blog que me empeño en convertir en visita asídua del internauta de pro, y que lleva por nombre la murcianísima interjección de sorpresa Quísparate.