7.5.09

La luz de bronce / Capítulo I. Big bang


La mentira, nunca suficientemente bien ponderada. El ansia de saber y conocer nos impulsa a buscar la verdad de las cosas, pero siempre hay una ocasión en que un disfraz engalana la certidumbre y armoniza un conjunto que la realidad había estropeado irremisiblemente. La realidad... se dice de ella que siempre supera a la ficción, pero hay sueños y cuentos que estimulan nuestra imaginación y potencian nuestros sentimientos más de lo que lo harían los hechos auténticos. En la vida hay momentos suficientes para reir o llorar pero ¿cuantas emociones falsas nos ha provocado una pintura, un libro, una película, una melodía? Y eran falsas porque provenían de una fabulación o una simulación, pero en nuestro interior catalizaban y se convertían en auténticas, y reíamos o llorábamos de corazón.

De manera que casi podríamos llegar a conceder que hay ocasiones en que una buena mentira es capaz de superar a una buena verdad, como William Randolph Herast en la contienda de Cuba al encargarle a su enviado especial las fotografías del conflicto, que ya pondría él la guerra. Se non è vero è ben trovatto... o el cuento de Navidad de Auggie Wren con que nos encandila Paul Auster en sus páginas y la sonrisa tierna de Harvey Keytel en la pantalla... y tantos otros ejemplos.

Así que podemos imaginar ahora la fascinación que se puede despertar en un auditorio convenientemente entregado, uniéndolo a la habilidad de un grácil narrador, al talento de su inventiva, el calor envolvente de su voz, la cadencia de su capacidad declamatoria y sobre todo el fascinante relato que construye... todos esos elementos son capaces de proporcionar una historia que tomamos como real y que luego al tratar de potenciar la magia desatada con la constatación de la dura realidad resulta un despertar amargo. Concluimos que nos gustó mucho más la versión imaginada de la realidad narrada. Ese atisbo de concreción que buscábamos nos permitió acercarnos al hecho, pero la recreación del mismo era tan superior como los sueños que nos parecen reales y de los que no queremos despertar.

Eso fue lo que sucedió la otra noche, cuando el crítico de cine, narrador, poeta y ante todo fabulador y reflexionador Hilario J. Rodríguez presentaba en Murcia su libro "Mapa mudo". Desde un hilván insospechado comenzó a tejer la exposición de una historia sobre una poetisa, su vida, su obra y sobre todo el misterio de su inspiración y del modo en que más que plasmar su voz en papel fue la propia poesía la que encontró la forma de llegar a hacerse realidad a través de sus manos.

En vano traté de encontrar en las horas y días posteriores más datos que corroborasen esa mitología, Google se empeñaba en desmoronar el castillo de naipes marcados por Hilario hablándome de la realidad de una escritora formada en colegios selectos, que vivió en exóticos lugares y viajó por remotos países, que refugió en Brasil su amor por otra mujer, que vivió la tragedia de no poder ser ella misma en su patria y de perder a su amada y que sí, se convirtió en un referente cultural pero de un modo más convencional.

No he visto el truco, no he detectado al conejo en la manga del prestidigitador, pero estaba tan encandilado con la puesta en escena de una versión mejorada de la realidad que preferí fabular sobre una mentira tan elaborada que recrear los acontecimientos verdaderos. ¿Traicionaría con esto al personaje auténtico? ¿Sería osado pretender inventar una biografía totalmente falsa para encontrar la manera de justificar la belleza que intuía en el relato escuchado?

Elizabeth Bishop desgrana en su poesía descripciones certeras y minuciosas de acontecimientos tan mundanos como la captura de un pez, pero no necesariamente tuvo que haber pescado uno alguna vez, como Julio Verne jamás descendió al fondo del mar ni subió a la Luna. ¿Por que no aventurarme en unas profundidades marinas insospechadas y crear en ellas mi propio paisaje y subir luego a nuestro satélite a elucubrar cráteres? ¿Molestaría mi atrevimiento a Jacques Cousteau o a Neil Armstrong? Existe la ciencia-ficción, en la que se viaja más rápido que la luz o se visitan otras galaxias y se descubren criaturas imaginarias... ¿sería yo capaz de adentrarme en la poesía-ficción?

Me gustan los retos. Algunos incluso llego a culminarlos. A veces se ha dado el caso de que llego a hacerlo de forma exitosa. Pongámonos manos a la obra, pues, y sin vergüenzas, en directo, con luz y taquígrafos. Esto es una invitación a que os adentréis conmigo en un universo que busca su inspiración en la realidad, que se apoya en una fábula narrada en torno a la hoguera de la pasión por las historias bien contadas. Conoceréis lo que nunca nadie contó sobre la poetisa Elizabeth Bishop, y nunca lo contó nadie porque me lo voy a inventar yo a partir de ahora.

Conoceréis a otra Elizabeth Bishop, una que nunca existió. Sabréis porqué abandonó una ciudad gris perdida en medio de Estados Unidos antes de hacerse cargo de la fábrica de salchichas de su padre. Sabréis porqué se instaló durante un año en un apartamento del Village neoyorquino de mediados del S. XX. Sabréis porqué una mañana comenzó a escribir y la poesía fluyó, imparable, de su mano. Sabréis porqué escondió siete poemarios escritos en seis meses. Sabréis porqué una poetisa consagrada la animó a publicar. Sabréis porqué ganó un premio Pulitzer con su primer libro. Sabréis porqué nunca más volvió a escribir... hasta aquel día, años después, en que dos únicos versos volvieron a salir de ella.

Y sabréis qué es la luz de bronce. Fiat lux.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Y saltó la chispa.
Hágase.

Anónimo dijo...

Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: el despertar.

Antonio Machado

Es de un personaje real desde el que parte tu reto. Su realidad sería maravillosa a veces y a veces trágica, pero capaz de despertar la imaginación de gente como tú.
No creo que la traiciones...no va a ser de ella de quien escribas.
Ánimo! a ver que mujer eres capaz de describir... y tranquilo que si algo no tienes... es vergüenza.

Antonio Rentero dijo...

Muchas gracias por los ánimos, queridos anónimos.

No me planteo este ejercicio de creación como una traición, de hecho la protagonista de lo que voy a escribir solo comparte con la Elizabeth Bishop real el nombre y la obra, punto...

Sin desprecier la fascinante vida de la real, la que tengo en mente me parece más interesante precisamente por eso, pq al inventármelo cabe todo lo que dé de si mi imaginación ;-)

Y espero que no tener (demasiada) verguenza no me convieta en un sinverguenza!!!

Gracias por estar ahí.

Un adelanto: el Capítulo II se titula "Lo que recuerdo de antes del alba".

Ramón Monedero dijo...

En efecto, veo que las previsiones se cumplieron, y Elizabeth Bishop fue de pronto, y sin venir aparentemente a cuento (a los ojos de Google), uno de los personajes más buscados en la red (pues además de yo mismo me se de otros que buscaron su nombre en la www. Se preguntarian los circuitos de Google, ¡coño! ¿y esto? La respuesta, Hilario.

Antonio Rentero dijo...

Anda que es mentira.

Te tienes que acrodar de preguntarle a Hilario de donde sacó la maravillosa historia que nos contó, pq yo le dije "si no lo cuentas tú lo cuento yo" y me dijo que "adelante", pero tb quiero dejar claro que el mérito que pueda tener yo es del desarrollo de la trama y el personaje, pero el esquema del argumento es ajeno y (de momento) de autor desconocido...

A CIEGAS EN LA RED dijo...

Merece la pena seguir la historia. Ardo en deseos de leer el capítulo segundo

Ramón Monedero dijo...

Se lo preguntaré si, se lo preguntaré...

Antonio Rentero dijo...

El segundo capítulo está en el horno, los ingredientes combinados, la temperatura adecuada y en proceso de cocción avanzada... en unos días verá la luz ;-)

A CIEGAS EN LA RED dijo...

Antonio Rentero punto Com ya han pasado unos días y sigo en ascuas con la historia de Elisabeth Bishop. No quiero molestar; pero echa leña al horno, al asador o donde tengas que echarla.

Antonio Rentero dijo...

Mira, precisamente me pillas como Aznar... "estamos trabajandou en ello" ;-)

La semana próxima habrá nuevo episodio, garantizado... aunque no lo termine, al menos os dejo lo que llevo.

Gracias por meterme prisas, en serio.