El único blog en fase beta permanente e indefinida, con actualizaciones irregulares y aperiódicas y contenidos no siempre interesantes a casico hecho. Es lo que hay.
Si la ciudad es una jungla, los Satanases del Segura la surcamos a lomos de máquinas que rugen bajo nuestras piernas. Bajo, no entre, esa es otra máquina de la que hablaremos en otra ocasión, cuando logremos domarla.
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No vamos a trabajar en moto porque sea más fácil aparcarla ni porque circules mejor entre las filas de coches detenidas antes los semáforos, ni siquiera porque casi siempre eres el primero en salir cuando la luz roja se apaga y se enciende la verde.
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Es algo que tiene que ver con la deliciosa sensación de sentirte jinete del viento, navegante del asfalto y funambulista de la gravedad.
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Y cuando sales del trabajo, lo mismo. Pocas formas se me ocurren de llegar y marcharte del trabajo con una sonrisa en los labios y con una sensación parecida.
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Tenemos suerte de que las motos se inventaran hace tanto tiempo, probablemente si se inventaran hoy las prohibirían porque son inestables, no protegen al ocupante, se sufre las inclemencias meteorológicas... si los coches son jaulas la moto es cabalgar en libertad, danzando a lo ancho del carril, desplazando tu cuerpo sobre el asiento, notando los olores de los lugares que atraviesas (bueno, a veces esto no es precisamente una ventaja) y concentrado en la conducción con tus ideas trabajando en un segundo plano. Un nuevo método de relajación.
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Al final los Satanases del Segura (y el resto de los moteros) seremos filósofos. Mirad el vídeo y lo comprenderéis.
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Cortesía de SATANASES DEL SEGURA.
No creo necesario añadir comentarios. . Han sido avistados en Madrid, Málaga y Sevilla. . Como decía el sargento Ezterhouse de "Canción triste de Hill Street"... tengan cuidado ahí fuera. . Cortesía de "SATANASES DEL SEGURA".
El denominado "circo" de la Fórmula 1 llega hoy a Nürburgring.
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Pero hace décadas, cuando los bólidos llegaban a ese circuito las cosas eran bien diferentes, y quizá podría hablarse de otra acepción de la palabra "circo". Parece que en la actualidad con dicha etiqueta nos referimos al gran montaje que acompaña a la competición, miles de personas alrededor son espectadores pero cientos de operarios se afanan en montar una efímera ciudad de ruído, gasolina, colores chillones y velocidad.
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Quizá hace décadas el montaje era menos aparatoso, pero la condición circense, más que acercarse a las tres pistas simultáneas del Ringlin & Barnum podría recordar al Circo Máximo de la Roma imperial, en cuya arena los contendientes se enfrentaban a la muerte.
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Porque en Nürburgring, hace unas décadas, literalmente te jugabas la vida. El gran Jackie Stewart decía que cuando salía de casa para correr en ese circuito miraba a su familia y se preguntaba si volvería a verles.
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¿Por qué? Bueno, hasta el fatal accidente que casi le cuesta la vida a Niki Lauda en 1976 el circuito (entonces se les llamaba "autodromo", palabra que me parece deliciosamente arcáica) tenía un recorrido) transcurría durante 28 kms (actualmente mide 4,5 kms) entre bosques de arbolado peligrosamente cercano al asfalto, con cuestas y desniveles que hacían saltar al coche, existiendo incluso una zona bautizada muy acertadamente como "el Carrussel".
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Los minutos se sucedían hasta completar una vuelta, pudiendo darse la circunstancia de que una parte del trazado estuviese soleada mientras en otra llovía copiosamente... todo en la misma vuelta. Pese a todo hubo míticos pilotos que recibieron el título de Ringmeister por ser capaces de memorizar cada curva, cada rasante del circuito, apellidos de la nobleza del motor como Nuvolari, Fangio, Ascari, Stirling Moss, Jackie Ickx o el mencionado Stewart, que fue quien se refirió a Nürburgring por primera vez como "Infierno Verde".
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En 1976 Niki Lauda sufrió un accidente que hizo que su coche ardiese y salvó la vida gracias a que tres pilotos, Harald Ertl, Guy Edwards y Arturo Merzario detuvieron sus monoplazas y lograron sacarlo, aunque no sin poder evitar que sufriese las quemaduras que todos recordamos. Lauda llegó a recibir la extremaunción a pie de pista, pero seis semanas más tarde estaba de nuevo compitiendo.
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La peligrosidad del circuito, y el hecho de que por su desmesurada longitud era muy complicado cubrirlo en su totalidad para lograr una adecuada trsansmisión televisiva de las competiciones, hicieron que cayera en desuso y posteriormente se renovase el trazado recuperando solo parte del recorrido hasta quedar en su configuración actual.
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Fue quizá el símbolo de una forma de entender la Fórmula 1 que se había ido diluyendo con la modificación de otros trazados de circuitos clásicos (Monza, Spa-Francorchamps...) que también mostraban deficiencias en materia de seguridad y que incluso aprovechaban en sus recorridos tramos de carreteras normalmente abiertas al tráfico. Todo aquello fue desapareciendo configurando la moderna F1. Se ganó en seguridad y quizá en espectáculo, aunque a algunos nos parece aún una aventura romántica la de enfrentar hombres y máquinas en esos sinuosos recorridos de antaño.
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Parte de ese espíritu se puede disfrutar hoy día en la magnífica película de 1966 "Grand Prix", del gran John Frankenheimer, en la que se reconstruye un campeonato del mundo de F1 en aquella época dorada de los años 60. La película nos lleva por casi todos los circuitos de la competición (Spa-Francorchamps, Monza, Montecarlo) en un alarde técnico de subjetivización que hizo que Frankenheimer montase cámaras en el interior de los bólidos para hacernos sentir dentro de los mismos, incluso algunas, superando lo que actualmente permite la tecnología y que vemos en nuestras pequeñas pantallas, algunas cámaras iban montadas en soportes móviles manejados por control remoto que permitían que con el monoplaza lanzado por el circuito a velocidad de vértigo la cámara girase para ofrecernos un plano del piloto y gradualmente girar hasta encuadrar el coche de delante o el que trataba de adelantar. Pasmoso.
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En el apartado técnico podemos decir que hoy día hay logros de "Grand Prix" que permanecen en la cúspide de la labor cinematográfica, fue un film auténticamente revolucionario y que sigue sorprendiendo. Junto a estos alardes en cuanto a situación original de la cámara, el uso de filtros especiales o desde el mismo inicio de la película, el magistral uso del montaje (pantalla partida, múltiples cámaras, planos vertiginosos) en el que el el director buscó el asesoramiento de Saul Bass (creador de míticos títulos de crédito como "Vertigo" o "Anatomía de un crímen" y la mente pensante detrás de la planificación de la célebre escena de la ducha de "Psicosis"), pequeños detalles dan cuenta del esmero con que Frankenheimer nos traslada a la competición de la F1, grabando por separado los sonidos de los distintos monoplazas para luego en el montaje de sonido permitir que al entrar en plano tal o cuál bólido su sonido se individualizase. Todo ello se saldó con tres Oscars (montaje, sonido y efectos de sonido).
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La película contó además con la inestimable colaboración de los equipos y la organizazión de la época, que permitieron que se montasen cámaras, participasen en la carrera coches pilotados por los propios actores... nombres entre los que encontramos a Yves Montand, James Garner, Toshiro Mifune... inició una corriente de películas centradas en las competiciones de motor ("500 millas", con Paul Newman, "Las 24 horas de Le Mans" con Steve McQueen y una "exploitation" italiana bastante infumable titulada "Fórmula 1") que no llegan ni a la suela de los zapatos a "Grand Prix", especialmente en el aspecto técnico.
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Y es que al final, si se trata de atisbar siquiera lo que suponía meterse en un bólido, protegido poco menos que por una chichonera y un mono de tela no ignífuga y enfrentarse a una ordalía de asfalto, no nos queda sino admirar a aquellos legendarios aventureros.
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El video que acompaña esta entrada es, hasta el momento, la única vez en que un piloto de la actual Fórmula 1, Nick Heidfeld, con un monoplaza actual, se ha adentrado en el legendario trazado de Nürburgring. Os invito a revivir la experiencia, y para los interesados informo que dicho trazado se encuentra abierto al público hoy día, mediante el pago de una pequeña cantidad puedes acceder con tu moto o tu coche a esos 28 kms. de Historia y Aventura... pero solo un detalle... las aseguradoras en Alemania no se hacen responsables de los daños causados en un accidente en ese lugar, por lo que es frecuente que las plataformas se lleven los coches accidentados y los depositen en otro punto para justificar el accidente.
Siguiendo con nuestra rutina de todo los lunes que podemos y coincide el color de la cinta aislante, continuamos con la restauración de la Royal Enfield de 1946 de Javi.
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En esta ocasión ha tocado trabajo de documentación y regularización de la ídem, mediante la extracción por el siempre divertido método del calco y el papel, de los números de serie de chasis, bloque del motor, conjunto embrague/cambio...
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Posteriormente cursamos la solicitud de ingreso en el Royal Enfield Owners´ Club de la misma Inglaterra.
Un aeropuerto abandonado. Un Subaru Impreza con 530 cv (si, quinientos treinta caballos). Unas tardes de entrenamiento. Una gymkhana de slaloms y derrapes controlados. Un Segway. Una pasada de video.
Veo hoy esta terrible, dramática historia en la sección de videos curiosos de "El Confidencial":
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"1973 supuso el año de debut del piloto británico Roger Williamson en la Fórmula 1. Durante su segunda carrera, en el Gran Premio de Holanda, uno de los neumáticos de Williamson sufrió un reventón, perdiendo así el control del vehículo. El coche impactó contra las barreras a alta velocidad, después de que el depósito de combustible se incendiase debido al roce contra el suelo. David Purley, amigo de Williamson, paró su coche en el arcén y corrió desesperado en ayuda de su compañero. Impotente y solo, Purley se vio incapaz de volcar el coche de Roger y sacarle de la bola de fuego en que se había convertido la máquina. Finalmente, los gritos de Roger, desde el interior del vehículo, cesaron sin que Purley pudiera hacer nada. A David Purley se le concedió la Medalla de Jorge por su heroismo, aunque finalmente su gallardía resultase en vano."
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Las imágenes son duras, demoledoras, conmueven y te dejan el alma encogida. Los gestos de impotencia y frustración de Purley son desoladores, pero su coraje y su tesón, aunque infructuosos, creo que consituyen un ejemplo de que ni en las más adversas circunstancias hay que dar la batalla por perdida.
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En algún sitio leí alguna vez que cuando sucede una catástrofe (un derrumbe, un incendio...) se puede reconocer fácilmente a un héroe... es el único que corre en dirección contraria a todos los que huyen del desastre.
El Ángel tiene de vez en cuando en su taller del Barrio del Progreso, contradictoriamente con el futurista nombre de la zona, prodigios tecnológicos que se aferran al pasado. . En esta ocasión nos encontramos sobre el banco de trabajo con una preciosa Lube datada en el año de la tos, con un estado de conservación magnífico, un trabajo de restauración y recuperación soberbio, y unos cromados y una línea que hacen babear al amante de las dos ruedas.