
A estas horas, pero hace 25 años, el Campanile de la Piazza di San Marco de Venezia surgía entra la bruma. Yo entraba en dicha plaza de la mano de mis padres a través del arco bajo la Torre dell´Orologlio, me quedé boquiabierto por el asombro y supongo que desde ese momento Italia ocupó un lugar en mi interior que aún no ha abandonado.
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El día anterior el PSOE acababa de ganar por primera vez las Elecciones Generales en la España de 1982, el cambio había llegado, pero mientras íbamos hacia el aeropuerto de El Altet, en la radio del coche, además de repasar los resultados electorales mi padre ponía cintas de cassette y sonaba también Franco Battiato. El mal estaba hecho.
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Recuerdo recorrer incansablemente callejuelas, puentes, canales, campos (es como se llaman en Venezia las plazas) y sí, montar en góndola por la noche, en los motoscafos y vaporetos, deleitarme por primera vez con deliciosa pasta del lugar y querer encadenarme a los carritos de los postres que sacaban en los restaurantes después de comer, y comer helado en el mítico café Florian, donde años más tarde empezaría mi otra longeva pasión por Elena, que también tiene gracia que fuera en esa ciudad donde pasáramos juntos un día por primera vez ella y yo.
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Quién me iba a decir mientras reflexionaba en el Palazzo Ducale y me hacían esa foto de ahí arriba que siete años después en esa misma plaza empezaría la historia de amor que me llevaría a decir "sí, quiero" delante de
Nuestro Padre Jesús veinte años más tarde.
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Y así hasta hace prácticamente un año en que afición, pasión y devoción por el pais transalpino, su idioma, sus gentes, su gastronomia, su música, sus comics (fumetti)... cristalizaron (a medias, siempre a medias) al entrar en contacto con personas estupendas como Chiara, Elena, Antonella, Eva... ahora incluso intercambio frecuentes mails con Fla en su idioma materno, y creo que hasta me entiende en mi presunto italiano.
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No sé de donde proviene esta pasión, esta afición desmedida por todo lo que proviene de allí, sólo sé que sus paisajes me conmueven, sus edificios me maravillan, sus gentes me embelesan, la musicalidad de su idioma me ha hecho entenderlo sin tener que estudiarlo y el mensaje de las canciones de Battiato me ha permitido encontrar conceptos y reflexiones más allá de las simples palabras. Sin la pasta no sabría vivir, el parmesano o el gorgonzola o la mozzarella no alimentan mi
corpus sino mi
anima, y sí, finalmente confieso que
los elegantes deportivos ingleses,
las lujosas berlinas alemanas o
los potentísimos muscle cars norteamericanos de los 60/70 ceden su puesto ante un
Maserati,
coupé o
berlina, uno de cada, para qué elegir. Aunque
cuando se trata de dos ruedas, la elección está más que clara, aquí sí que se imponen los alemanes, mandan Paralever, Telelever, motor bóxer, ABS... y un diseño único... qué se le va a hacer, mi primera moto fue una
Vespa pero después he seguido creciendo.
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Así que creo que puedo afirmar sin pudor que lo mío è veramente una pasione per l´Italia. Y esto es lo que hay.