21.4.10

Cartera laboral diversificada


En la foto, Philipe Petit pasa en alambre entre las Torres Gemelas el 7 de agosto de 1974, heróica gesta recogida en el documental "Man on wire".
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La naturaleza del trabajo cambia en estos tiempos de crisis, tomando una base más temporal y centrada en proyectos, con los trabajadores convirtiéndose progresivamente en agentes libres que como en los fondos de inversión, diversifican su cartera de activos laborales entre varios empleos a tiempo parcial o tareas aisladas pero independientes y flexibles, de manera que ante un revés no lo pierdes todo, solo una parte. Hablaríamos de los denominados empleos contingentes, trabajos alternativos y curiosamente, haciendo de la necesidad virtud y siguiendo la vieja máxima de no tener todos los huevos en el mismo cesto, no es una conducta estrictamente aplicable a personas que han perdido su trabajo sino que determinados trabajadores que no han se han quedado sin empleo están valorando esta posibilidad, la están acometiendo y quedan satisfechos con la nueva situación, flexible, libre, con riesgos pero para algunos más segura por su naturaleza diversificada.
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Al haber más incertidumbre sobre una pronta salida de la recesión hay quien busca sacarse sus propias castañas del fuego, sabedor de que las empresas son muy cautas en la situación actual, el crecimiento está muy sometido a la confianza en la evolución de los mercados y es poco probable que nadie venga a ofrecerte un contrato blindado con coche, móvil y tarjeta de empresa. Eso favorece, a cambio, que las empresas se muestren más favorables a contratar los servicios de los profesionales de forma limitada, por cortos períodos, horas sueltas, sujetos a la realización de proyectos concretos...
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Un equilibrio dentro del desequilibrio, sería tal vez la razón. Igual que el funambulista sobre la cuerda floja, que necesita mover constantemente los brazos para equilibrar su cuerpo, ese dinamismo sería lo que finalmente le otorga la capacidad de permanecer en el mismo punto de la cuerda, sin caer, avanzando en la dirección que se ha propuesto y salvándose de la caída al vacío.
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3 comentarios:

Samotracia dijo...

Una vez superado el "pavor" ante la crisis o recesión según se quiera llamar si ese día te levantas viendo la botella medio llena o medio vacía, uno se da cuenta de que trae cosas buenas que al principio no ve.
Hay personas que descubren capacidades, se agudiza el ingenio, y sobre todo, se demuestra que hay formas nuevas de salir del pozo. Esta sociedad parecía estancada en un sistema que pensábamso perpetuo, inamovible. Pues bien, una vez más se demuestra que no hay nada que dure siempre. Que se lo pregunten a los romanos, que crearon un Imperio.

Leandro dijo...

El problema de verdad llega cuando se vienen abajo los dos puntos en los que se apoya la cuerda sobre la que camina el funambulista (vid. foto). O el trabajador, como lo quieras llamar

Antonio Rentero dijo...

Samotracia, al final imagino que el camino que hay que andar nadie lo puede hacer por ti. Eso lo aprendí yo en el entrenamiento para el Marathon de Nueva York, los 42 kms los iban a correr mis piernas, no las de otra persona, así que no me servían ni las recetas infalibles de los demás ni las propuestas o ideas de los demás, no había atajos y solo yo era consciente de lo que podía o no podía hacer y de las piernas que tenía que preparar eran las mías, si quería llegar al final del camino solo podía recorrerlo yo, y solo tenía aquel día para hacerlo.

Al final lo que te parece una locura resulta que si quieres hacerlo encuentras la forma, por mucho esfuerzo y sacrificio que te cueste.

Y con eso enlazo con lo que dices, Leandro, cuando me fallan los puntos de apoyo tengo que buscar otros. No queda otra alternativa.

Esto es como Spider-Man, que lanza la red, se balancea, y cuando llega al punto más elevado de la parábola y empieza a caer tiene que buscar otra fachada donde lanzar otro chorro de telaraña desde el que seguir balanceándose.

Cuando al funambulista le falle uno o los dos puntos de apoyo tendrá que ir buscando en la caída otra cuerda sobre la que caminar.

Y la caída es larga y llena de cuerdas.

Al final esto es como un patio de vecinas, lleno de tendederos con ropa o sin ella, con cuerdas nuevas o viejas, sobre los que ir cayendo para frenar nuestra caída o detenerla por completo.

Claro, que algunos encuentran divertido ir saltando de una cuerda a otra...