5.9.07

Street Wars: el otro "agua para todos"


La guerra ha llegado a las calles parisinas. Recibes una foto, unos datos someros de tu víctima. La buscas, la localizas, la acechas, aguardas al momento oportuno, y cuando se encuentra desprevenida te acercas a ella, sigilosamente, sin advertir tu presencia hasta que es demasiado tarde. Sacas tu arma del bolsillo, apuntas cuidadosamente, se da cuenta en el último instante de tu presencia, pero ya no hay solución, se encuentra frente a tu punto de mira, tú estás preparado, con una extraña calma, el tiempo se suspende, los sonidos se atenúan, sólo estáis vosotros dos, rodeados de un entorno que se difumina mientras comienzas a apretar, sus ojos se abren como platos alrededor de sus pupilas dilatadas por el asombro.


Del extremo de tu arma sale disparado, incontenible, directo hacia tu objetivo, un chorro de agua. Después otro. Y otro, y otro... Le mojas. Has ganado el reto del StreetWar.


Esta moda, proveniente como casi todas las estupideces del mundo moderno de USA, mayoritariamente de las costumbres de sus adolescentes en los institutos, y precisamente por ello, adictivamante divertido, hemos podido verlo en películas como la muy divertida y altamente recomendable "El gran lío", donde el hijo del protagonista recibía en un momento de la peli un encargo semejante al que acabo de describir. Ahora la moda ha cruzado el charco y estos días las calles de París se encuentran asaltadas por los participantes de este juego, más de 200, que pugnan por conseguir cumplir su misión cual asesinos a sueldo implacables y hacerse así con un suculento premio de 500 € y el trofeo, consistente en (como no) una figura bañada en oro con forma de pistola de agua.


Algunas de las reglas que deben cumplir los participantes no dejan de ser curiosas. Junto a la muy comprensible de ser mayor de edad y la de no ausentarse de París hasta pasado el 24 de septiembre (fecha en que finaliza la competición), hay una particularmente llamativa: no vivir con los padres. Me imagino a los pobres padres, que si ya tienen sobrados motivos para preocuparse por su zagal con todo lo que corre por ahí les faltaba ver a su retoño acojonao sin salir de casa, mirando por la ventana tapandose con las cortinas de cretona y respingando (¿existe ese verbo?) al menor ruído. Sólo falta preguntarle "nene, ¿que te pasa?" y que te conteste "nada, nada, que me persiguen unos para dispararme". Tan tranquilizador como el futuro del Euribor.


Pues la cosa es que la noticia ya ha llegado hasta Italia, de lo que me entero gracias a Eva, la walkiria veneciana, y claro, si el resto de los países de nuestro entorno lo hacen ¿por qué no nosotros? Será cuestión de organizar una movida de estas, pero con cuidadín (que es como hace el amor el puercoespín), que luego nos acusan de despilfarrar el agua en cuestiones de ocio.

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